Innovando|Comunidades

Alberta Mateo

Alberta, Dorotea, Macrina, Elia y Angelina son las mujeres de la familia Mateo, alfareras zapotecas, que elaboran barro rojo bruñido respaldadas por una tradición de generaciones.

El proceso comienza trayendo la tierra de las afueras del pueblo. Forman sus piezas con una peculiar técnica a partir de conos de barro que van girando con la mano y afinando con olotes de maíz. Una vez terminadas, las piezas se dejan secar al sol y se bruñen meticulosamente con una pequeña piedra. El proceso termina con la quema al aire libre: las piezas se colocan sobre una cama de pequeñas varas, se cubren de leña, paja y hojas de maguey y se prende fuego al montón.

Estas mujeres del barro rojo se han distinguido, además de por su buen humor, por la calidad de su bruñido, la elegancia de sus formas y su interés por crear nuevos y audaces diseños, entre ellos la serie de cochinitos para 1050º.
Venden sus productos en la central de abastos de Oaxaca, en el mercado de Tlacolula y surten a diversos restaurantes y hoteles, como Casa Oaxaca.

Macrina Mateo

Alberta, Dorotea, Macrina, Elia y Angelina son las mujeres de la familia Mateo, alfareras zapotecas, que elaboran barro rojo bruñido respaldadas por una tradición de generaciones.

El proceso comienza trayendo la tierra de las afueras del pueblo. Forman sus piezas con una peculiar técnica a partir de conos de barro que van girando con la mano y afinando con olotes de maíz. Una vez terminadas, las piezas se dejan secar al sol y se bruñen meticulosamente con una pequeña piedra. El proceso termina con la quema al aire libre: las piezas se colocan sobre una cama de pequeñas varas, se cubren de leña, paja y hojas de maguey y se prende fuego al montón.

Estas mujeres del barro rojo se han distinguido, además de por su buen humor, por la calidad de su bruñido, la elegancia de sus formas y su interés por crear nuevos y audaces diseños, entre ellos la serie de cochinitos para 1050º.
Venden sus productos en la central de abastos de Oaxaca, en el mercado de Tlacolula y surten a diversos restaurantes y hoteles, como Casa Oaxaca.

Serena Simón (1967)

Serena creció en una familia de nueve hermanos, todos ellos alfareros. El oficio se lo enseñó su madre, siendo una niña. La mayoría de sus piezas son formadas a mano, aunque también utiliza moldes cuando se requieren.

El trabajo de Serena se distingue por su delicada y sofisticada decoración que realiza con sencillas herramientas, y en la cuál plasma su amor por la naturaleza. Ella produce algunas de las piezas más existosas de 1050º, como los fruteros domingo.

Su trabajo ha sido expuesto en diversas ferias y exposiciones, entre otras: Feria Manos Abiertas de la Universidad Iberoamericana; Rethinking Tradition, con Colectivo de Cerámica 1050 grados, Smithsonian Institute Washington DC; Nuevos Procesos Colaborativos, Galería Casa del Lago; así como en Sanborn's y Palacio de Hierro.

Ha participado en talleres como: Taller Nuevos Horizontes de la Cerámica (2007), impartido por los artistas Gabriel Macotela y Adán Paredes, Claudio López y Kythzia Barrera; Diseño de Teteras (2008), en el CaSa; Diseño experimental y artesanía en Barro (2008), impartido por los diseñadores Pekka Harni (Finlandia), Yuka Takahashi (Japon) y Kythzia Barrera (México); entre otros.

Rufina Ruíz

La herencia alfarera en su familia viene de su madre, quien instruyó a sus hijos e hijas en este arte. También les enseñó el “trabajo duro” en casa, como cocinar y limpiar, pues creía que tanto hombres como mujeres deben ser independientes y autosuficientes. De ahí también viene el gusto y la habilidad de Rufina por la comida tradicional y el barro.

Rufina cuenta con estudios profesionales de contaduría, pero decidió dedicarse tiempo de completo al barro. Ella y sus tres hermanas forman un sólido equipo de alfareras, en el que cada una desarrolla sus habilidades particulares. Se dedican principalmente a la alfarería tradicional de Atzompa, piezas esmaltadas como ollas, apaxtles, borregos de chía para Semana Santa y chilmoleras para hacer salsa.

Rufina participa en 1050º elaborando las macetas colgantes de chía.

Dorotea Mateo

Alberta, Dorotea, Macrina, Elia y Angelina son las mujeres de la familia Mateo, alfareras zapotecas, que elaboran barro rojo bruñido respaldadas por una tradición de generaciones.

El proceso comienza trayendo la tierra de las afueras del pueblo. Forman sus piezas con una peculiar técnica a partir de conos de barro que van girando con la mano y afinando con olotes de maíz. Una vez terminadas, las piezas se dejan secar al sol y se bruñen meticulosamente con una pequeña piedra. El proceso termina con la quema al aire libre: las piezas se colocan sobre una cama de pequeñas varas, se cubren de leña, paja y hojas de maguey y se prende fuego al montón.

Estas mujeres del barro rojo se han distinguido, además de por su buen humor, por la calidad de su bruñido, la elegancia de sus formas y su interés por crear nuevos y audaces diseños, entre ellos la serie de cochinitos para 1050º.
Venden sus productos en la central de abastos de Oaxaca, en el mercado de Tlacolula y surten a diversos restaurantes y hoteles, como Casa Oaxaca.

Estela Cardozo

Originaria de San Bartolo Coyotepec, Estela viajó a la ciudad de México muy jóven, donde trabajó en una fábrica durante 40 años. Regresó con su familia, tradicionalmente alfarera, y aprendió a trabajar el barro con su padre, quien fue pionero en la elaboración de rosarios e imágenes religiosas.

Estela trabaja principalmente con moldes y se especializa en crear piezas pequeñas, cuentas y collares. Ella produce coloridos collares tejidos para 1050º, continuando de alguna manera la herencia de su padre. Con energía inagotable, se le puede ver llendo de su casa a su puesto en la Plaza Artesanal en su característico triciclo amarillo.

Ana María Alarzón

Aprendió a trabajar el barro con su padre, quien producía los tradicionales y enormes animales cubiertos de chía para Semana Santa. Ana María crea principalmente piezas pequeñas y utilitarias, como los mezcaleritos para 1050º.

Sus nueve hijos e hijas aprendieron de ella y continúan la tradición alfarera: Ana, Claudia e Isabel realizan miniaturas en barro, mientras que las últimas dos se especializan en la filigrana.

Ha participado en numerosos cursos, entre ellos el Taller de Introducción a los esmaltes sin plomo para baja temperatura (2009), impartido por Innovando la Tradición; taller con el artista Gabriel Macotela en el CaSa (2011).

Elia Mateo

Alberta, Dorotea, Macrina, Elia y Angelina son las mujeres de la familia Mateo, alfareras zapotecas, que elaboran barro rojo bruñido respaldadas por una tradición de generaciones.

El proceso comienza trayendo la tierra de las afueras del pueblo. Forman sus piezas con una peculiar técnica a partir de conos de barro que van girando con la mano y afinando con olotes de maíz. Una vez terminadas, las piezas se dejan secar al sol y se bruñen meticulosamente con una pequeña piedra. El proceso termina con la quema al aire libre: las piezas se colocan sobre una cama de pequeñas varas, se cubren de leña, paja y hojas de maguey y se prende fuego al montón.

Estas mujeres del barro rojo se han distinguido, además de por su buen humor, por la calidad de su bruñido, la elegancia de sus formas y su interés por crear nuevos y audaces diseños, entre ellos la serie de cochinitos para 1050º.
Venden sus productos en la central de abastos de Oaxaca, en el mercado de Tlacolula y surten a diversos restaurantes y hoteles, como Casa Oaxaca.

Silvia García

Silvia aprendió a trabajar el barro cuando tenía 20 años, con sus tíos. Utiliza tanto la técnica de molde como el modelado a mano.

Además de dedicarse a la alfarería, Silvia mantiene una miscelánea, cuida a sus hijos y nietos, y atiende su puesto en la Plaza Artesanal de San Bartolo, donde vende piezas tradicionales, decorativas y mezcal.

Aunque sus hijos no se dedican a la alfarería, Silvia ha heredado la tradición familiar a su nieta Fátima, de XX años. Silvia elabora la exitosísima jarra Bartola para 1050º, una de las piezas que se expusieron en MoMA store durante Destination: Mexico.

Juan Ruiz Zárate

El maestro Juan Ruiz proviene de una familia de artesanos. Durante tres años estudió con experimentados maestros japoneses, como parte del programa de JICA (Japanese International Cooperation Agency) en el ICAPET (Instituto de Capacitación y Productividad para el Trabajo de Oaxaca), donde actualmente trabaja como director del area de cerámica. Desde el Icapet imparte cursos y entrena gente interesada en conocer todos los pasos de la elaboración de cerámica en alta y baja temperatura, esmaltada o natural.

El maestro Juan, especialista en esmaltes, crea piezas tradicionales y diseños nuevos, y está a cargo de conseguir el maravilloso color turquesa de los mezcaleritos de 1050º, entre otros.